Improvisación

Bueno como este blog sólo lo leeis dos personas, me voy a atrever a copiar una improvisación que hice ayer y que está sin corregir, ni pienso hacerlo por el momento así que no os lo tomeis como algo serio porque no es más que un momento de aburrimiento sin precaución ninguna

Y la lluvia cae, y el tiempo avanza lento, arrastrándose, quemándome la piel.

Un día, y otro y otro y después… otro. Y las noches, nuestras noches, ésas que no compartimos. Ésas también llegan.

Y hoy me resguardo de la lluvia, y esta noche suspiraré por las palabras que no llegan. Odiaré aquellas que pedí y mis mejillas perderán su orgullo, reclamarán su dignidad y un llanto seco, una respiración ahogadora… sufriré la ignorancia y esperando esa despedida que nunca me concederás, volveré a esconderme en la distancia.

Bueno, eso es todo insisto en que no está corregido, ni revisado. Aún así para los listos que sé que hay muchos informo que el que se repita tanto “y” es completamente a propósito y tiene una función muy importante, lo he hecho completamente deliberado así que las críticas -siempre constructivas, por supuesto- pueden ahorrarse ese detalle.

Espero que aún así os guste, aunque sólo sea un poco. Besos para mis niñas y sobre todo: GRACIAS

La llamada

Anoche, de manera completamente improvisada, fui a ver La llamada al teatro Lara.

     Es cierto eso de que los mejores planes son los improvisados. A media tarde recibo un mensaje de una amiga:

«En mi muro he compartido unas invitaciones para el teatro. Corre, pide las tuyas».

Yo, obediente, hice mi reserva sin fijarme para qué eran, todo lo que sea teatro siempre es bienvenido y anhelado en mi vida.

     Y así, sin saberlo ni pensarlo, nos regalaron invitaciones para La llamada, si lo piensas resulta hasta romántico y coherente con la obra: recibimos la llamada.

     Debo reconocer que volví a casa con dolor de cabeza de lo que me reí. Resulta difícil explicar su argumento porque es uno de esos guiones sencillos, inocentes y divertidos de los que hace mucho que no disfrutaba en teatro (en el cine imposible, demasiada amargura por esos lares).

Para mí fue un regreso a la infancia y a la época del colegio (o instituto) y sus campamentos. Los actores componían una genial homogeneidad de infancia y actualidad para mi generación, las canciones, universales y las voces en directo, preciosas.

     Realmente, fue un paréntesis delicioso en una semana (más bien semanas y meses) tan estresantes.

Si alguien quiere o puede, os recomiendo verla, si puedo me encantaría repetir.

 

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Por si aún lo dudas

Creíste poder cambiar

te pensaste capaz de llegar:

una linda sonrisa

un poco de sinceridad

un pacto silencioso

y ahora retumba en tu mente.

Soñaste un destino

sabiendo que no era tuyo

quisiste conseguirlo

y ahora retumba en tu mente.

Todos los días vives

simulando que puede pertenecerte

odiando y hasta envidiándolo

y ahora retumba en tu mente.

Idiota

Ahora retumba en tu mente.

Ahora retumba en tus ojos.

Ahora retumba en tus oídos.

Y sólo puedo oír cómo te llaman.

¡Buitre!

Allí cuando fue

Tan lejos estás que no sé cuándo,

no sé qué es lo que no puedo evitar

no sé por qué no escapas de la cárcel de mi mundo,

excavas constantemente un túnel

hacia el lado contrario de la salida,

cada metro que avanzas

me obliga a crear más profundidad para ti,

no puedes entrar más, ¿por qué te empeñas?

¿Por qué no te llevas tu sonrisa

a ese momento anterior a conocernos?

¿Por qué no se la das y borras todo?

Ojalá fuera así

Hoy me desperté confusa,

pasé toda la noche entre tus brazos.

Tu olor, tu sonido, tu tacto…

Yo meciéndome entre olas de ternura…

 

Había sufrimiento pero también recompensa,

había misterio y acción,

quizá he crecido viendo demasiadas películas,

pero lo importante era estar a tu lado.

 

De repente la vida llegó,

sentí cómo se iba el oxígeno,

y cada minuto que pasa

estallan pequeños pedazos de ti en mi interior.

 

No sé por qué

siento que ha sido un punto de encuentro,

un presagio de algo muy lejano

que va más allá de lo tangible.

 

Tanto, tanto tiempo…

Y cada día más…

 

Sin fin.

Sin estar.

Sin faltar.

Los habitantes de la casa deshabitada

Hoy (bueno, ayer) me he enterado de una triste noticia: la muerte de José Sazatornil Saza.

Algunos os preguntaréis por qué he titulado esta entrada con el nombre de la obra de Jardiel Poncela, la razón es que tuve el placer de disfrutar de este magnífico actor en la representación que hizo de esta obra en 1998. Mi amor por ella es doble: la disfruté como espectadora en mi decimoquinto cumpleaños y, unos meses después, fue la obra con la que me estrené en las tablas de manera más profesional que los bailes o representaciones de pastorcillas.

Es por eso que no podía dejar pasar la noticia sin mi particular homenaje, siempre llevaré este recuerdo en mi corazón y, en parte, debo agradecérselo al que hoy ha dejado nuestras casas un poco deshabitadas.

habitantes - cartel 1998